Mientras Estados Unidos y China acaparan titulares con sus avances en inteligencia artificial y supercomputación, Europa prepara silenciosamente su jugada maestra: la tecnología cuántica. Aunque el continente llegó tarde a la carrera por los chips o la nube, aún tiene una oportunidad real de liderar el salto cuántico, el próximo gran paradigma tecnológico.

La clave está en su ecosistema único: universidades de élite, industria puntera y, sobre todo, una visión ética compartida. Bruselas acaba de anunciar una inversión de 16.000 millones de euros hasta 2033 para desarrollar ordenadores cuánticos, sensores y comunicaciones seguras. El objetivo: construir el primer ordenador cuántico europeo de 1.000 qubits antes de 2030, una cifra que marcaría el umbral de la utilidad comercial.
“No competimos en velocidad, sino en fiabilidad y soberanía”, resume Iliana Ivanova, comisaria europea de Investigación. Mientras China apuesta por la centralización y EE UU por el mercado, Europa apuesta por la colaboración abierta entre 5.000 científicos y 1.000 empresas. El resultado ya se huele: sensores cuánticos para detectar cáncer en fase inicial o radares que pueden ver bajo tierra.
La carrera apenas comienza. Y Europa, por una vez, no va detrás.
