El Super Bowl 2026 no solo dejó en el campo una final épica, también protagonizó uno de los espectáculos más ambiciosos de la historia del entretenimiento.

Bad Bunny, primer latino en encabezar el show de medio tiempo, no subió al escenario solo con su voz: lo hizo acompañado de una flota de drones, realidad aumentada, inteligencia artificial y una red 5G que convirtió el Allegiant Stadium en un laboratorio tecnológico.
Más de 1.000 drones iluminaron el cielo de Las Vegas para crear imágenes en 3D que respondían en tiempo real a la música. Detrás de ellos, un sistema de IA analizaba el tempo de cada canción para sincronizar los movimientos de las luces con precisión milimétrica.
Mientras tanto, las gafas de realidad aumentada distribuidas entre 20.000 asistentes permitieron ver elementos virtuales —como palmeras gigantes o olas del Caribe— que solo existían en la pantalla de sus dispositivos.
El escenario, diseñado por un equipo de ingenieros españoles, se desplegó como un transformador en 90 segundos: una estructura de 40 toneladas con paneles LED flexibles que mostraban fondos generados por IA en función del ánimo detectado en redes sociales. Si el público tuiteaba más emojis de fuego, el fondo cambiaba a rojos intensos; si predominaban los corazones, estallaba en tonos rosas.
La apuesta tecnológica no fue gratuita: la NFL invirtió 30 millones de euros en este segmento de 13 minutos, convirtiéndolo en el show más caro de la historia del evento. El objetivo: competir con TikTok y Netflix por la atención de la Generación Z, que consume el 70% de su entretenimiento en pantallas verticales.
“Estamos creando un nuevo idioma entre la música y la tecnología”, explicó en redes el director creativo del espectáculo. “El futuro de los conciertos no será ver a tu artista favorito en un escenario, sino estar dentro de su mundo digital”.
Cuando Bad Bunny cantó “Tití Me Preguntó”, los 65.000 espectadores vieron sus rostros transformados en emojis caribeños en las pantallas gigantes, gracias a un sistema de reconocimiento facial que respetaba la privacidad mediante encriptación de última generación.
El resultado: un evento que no solo se vivió en el estadio, sino que generó 2.3 millones de tweets por minuto y batió récords de visualización en streaming.
El Super Bowl 2026 demostró que el futuro del entretenimiento no es más grande, es más inteligente. Y Bad Bunny, con sus gafas de sol y su flow imparable, fue el primer artista en cruzar esa frontera entre el mundo físico y el digital sin que el público pudiera distinguir dónde terminaba una y comenzaba la otra.
